LOS DÍCERES

[notas para una lectura septembrina de Pedro Páramo]

23 septiembre 2011

24.

Oí ladraban hubiera despertado Vi cruzar -llamé respondió estuvieran alcancé oír platicaban: -Mira viene es Es Pon vámonos va es quiere crees sigue? se me figura Deja correr ha quedado ves hubiera resultado hagas estuvo Dicen es se encarga conchavarle escapamos quiero tener ver vámonos Vámonos -Dices

perros hombre calle: voz. vuelta esquina, cara disimulo mujeres verdad esquina ilusiones. díceres muchachas viejo dos dos.

propia parado -Mejor. -Mejor. bien. tal tal? ninguna todo nada mejor

los, los la la la la las las los el la

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yo tú!. tú! -me mi -él. nosotras tú ti. mí ti. ti mí. te él nos Se, se

a de a a de. detrás de de a de a A a de a de ¿A por en -Pero a o a de por de hasta Con De de a

que que que que que que que que. que. que

quién quién qué ¿Qué

-Seguramente allí. ahí aquí. -Después -ya. como como ¿ya? -No ¿No no

aquella. ese

Y -Entonces si. si Si si

Filoteo Aréchiga? don Pedro.

-¡Ey, -¡Ey,
-¿Ah, sí?

–crg

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TODO ESO OYES

[notas para una lectura septembrina de Pedro Páramo]

22 septiembre 2011

23.

Ahorita estoy muy ocupado con mi «luna de miel».
Así que no te asustes si oyes ecos más recientes, Juan Preciado.
Bardas descarapeladas que enseñaban sus adobes revenidos.
Cada suspiro es como un sorbo de vida del que uno se deshace.
Cuando caminas, sientes que te van pisando los pasos.
»-¡Damiana!
¡Damiana Cisneros!
-¡Damiana! -grité-.
¿De modo que murió?
Deja eso pendiente.
¡Dígame, Damiana!
Dijo mirando hacia el dintel de la puerta: «Se ven bonitos esos moños negros, lo que sea de cada quien».
En ese momento abrieron y él entró.
En esto estaba, cuando una mujer se apartó de las demás y vino a decirme:
»Entonces ella corrió a esconderse entre las demás mujeres.
-Entonces ¿cómo es que dio usted conmigo?
Era la mayor.
-Eso es malo.
Eso me venía diciendo Damiana Cisneros mientras cruzábamos el pueblo.
¿Está arreglado el asunto de Toribio Aldrete?
-Está liquidado, patrón.
-¿Está usted viva, Damiana?
-Este pueblo está lleno de ecos.
Este pueblo está lleno de ecos.
Hace muchos años que no sé nada.
-Hubo un tiempo que estuve oyendo durante muchas noches el rumor de una fiesta.
Las calles tan solas como ahora.
Las ventanas de las casas abiertas al cielo, dejando asomar las varas correosas de la yerba.
Los hubo en algún tiempo, porque si no ¿de dónde saldrían esas hojas?
Luego dejé de oírla.
Me acerqué para ver el mitote aquel y vi esto: lo que estamos viendo ahora.
Me contestó el eco: «¡… ana… neros…! ¡… ana… neros…!».
Me detuve a rezar un padrenuestro.
Me llegaban los ruidos hasta la Media Luna.
»Mi hermana Sixtina, por si no lo sabes, murió cuando yo tenía 12 años.
-Murió -dije.
Nada.
Nadie.
Ni más ni menos, ahora que venía, encontré un velorio.
-No.
-No supe de qué.
-Nos queda la cuestión de los Fregosos.
Oigo el aullido de los perros y dejo que aúllen.
Oyes crujidos.
-Pasa, Fulgor.
Pienso que llegará el día en que estos sonidos se apaguen.
Por eso no me extrañó que aquello terminara.
»-¿Qué andas haciendo aquí? -le pregunté.
Quizá usted debió saberlo.
Risas.
¡Ruega a Dios por mí, Damiana!
-Sí.
»Sí -volvió a decir Damiana Cisneros-.
Suspiraba mucho.
-¿También a usted le avisó mi madre que yo vendría? -le pregunté.
Tal parece que estuvieran cerrados en el hueco de las paredes o debajo de las piedras.
Tal vez de tristeza.
Tocó nuevamente con el mango del chicote, nada más por insistir, ya que sabía que no abrirían hasta que se le antojara a Pedro Páramo.
Todo eso oyes.
Unas risas ya muy viejas, como cansadas de reír.
Y a propósito, ¿qué es de tu madre?
¿Y de qué?
Y en días de aire se ve al viento arrastrando hojas de árboles, cuando aquí, como tú ves, no hay árboles.
Y en mi casa fuimos dieciséis de familia, así que hazte el cálculo del tiempo que lleva muerta.
Y es que la alegría cansa.
»Y lo peor de todo es cuando oyes platicar a la gente, como si las voces salieran de alguna hendidura y, sin embargo, tan claras que las reconoces.
Y me encontré de pronto solo en aquellas calles vacías.
Y mírala ahora, todavía vagando por este mundo.
-¿Y por qué iba a saberlo?
Y voces ya desgastadas por el uso.
-¿Ya murió?
Yo ya no me espanto.
-…

–crg

USUFRUTO

[notas para una lectura septembrina de Pedro Páramo]

21 septiembre 2011

22.

El usufructo (del latín usus fructus, uso de los frutos) es un derecho real de goce o disfrute de una cosa ajena. El usufructuario posee la cosa pero no es de él (tiene la posesión, pero no la propiedad). Puede utilizarla y disfrutarla (obtener sus frutos, tanto en especie como monetarios), pero no es su dueño. Por ello no podrá enajenarla ni disminuirla sin el consentimiento del propietario.

«¡Vaya!
Yo un niño.
-No, patrón.
No me atreví.
-¿Y las leyes?
-Eres un niño.
Está conforme.
A mí me consta.
Ésa es la verdad.
-Está bien, patrón.
Había pocas nubes.
Con 55 años encima.
-Sí, hay uno que otro.
-¿Cuáles leyes, Fulgor?
El cielo era todavía azul.
Que estuvo mal calculado.
-Pues dile que se equivocó.
-Él hizo bien sus mediciones.
Le dije que no se preocupara.
Y le dices que recorra el lienzo.
-No quise quebrarle su contento.
-Ya está pedida y muy de acuerdo.
Derrumba los lienzos si es preciso.
Ha invadido tierras de la Media Luna.
-La semana venidera irás con el Aldrete.
Y recuérdale que Lucas Páramo ya murió.
Que conmigo hay que hacer nuevos tratos.
Le dije quese le darían a su debido tiempo.
-Pues mándalos en comisión con el Aldrete.
-¿No le pediste algo adelantado a la Dolores?
Le prometí que le mandaríamos una mesa nueva.
Dice que usted nunca va a misa. Le prometí que iría.
La ley de ahora en adelante la vamos a hacer nosotros.
¿Tienes trabajando en la Media Luna a algún atravesado?
Y desde que murió su abuela ya no le han dado los diezmos.
Estaba tan contenta que no quise estropearle su entusiasmo.
Él apenas comenzando a vivir y yo a pocos pasos de la muerte.»
El aire soplaba allá arriba, aunque aquí abajo se convertía en calor.
Le levantas un acta acusándolo de «usufruto» o de lo que a ti se te ocurra.
El padre cura quiere sesenta pesos por pasar por alto lo de las amonestaciones.
Él dice que le hace falta componer el altar y que la mesa de su comedor está toda desconchinflada.

–crg