GOTAS ILUMINADAS POR LOS RELÁMPAGOS

Notas de una lectura decembrina de Pedro Páramo

31 diciembre 2010

8.

Por la noche volvió a llover. [Se estuvo
oyendo] el borbotar del agua durante largo rato; [luego
se ha de haber dormido, porque cuando despertó

sólo se oía] la llovizna callada.

Los vidrios de la ventana estaban opacos[,]
y del otro lado las gotas resbalaban en hilos
como de lágrimas. “Miraba caer
las gotas iluminadas por los relámpagos,
y cada vez que pensaba, pensaba
en ti, Susana”. La lluvia
se convertía en brisa. Oyó: “El perdón
de los pecados y la resurrección de la carne.
Amén”. Eso era
acá adentro, donde unas mujeres rezaban
el final del rosario. Se levantaban; encerraban
los pájaros; atrancaban
la puerta; apagaban
la luz. Sólo quedaba la luz de la noche, el siseo
de la lluvia como un murmullo de grillos…
—¿Por qué no has ido a rezar el rosario? [Estamos]
en el novenario de tu abuelo. [Allí estaba]
tu madre en el umbral de la puerta, con una vela
en la mano. Su sombra corrida
hacia el techo[,]
larga[,]
desdoblada.
Y las vigas del techo la devolvían en pedazos[,]
[despedazada.]
—Me siento triste —dijo. Entonces
ella se dio la vuelta. Apagó
la llama de la vela. Cerró
la puerta y abrió en sollozos[,]
que se siguieron oyendo confundidos con la lluvia.
El reloj de la iglesia dio las horas[,]

una tras otra[,]

una tras otra[,]

como si s hubiera encogido el tiempo.

–crg

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