EL NIÑO Y EL TELÉGRAFO

Notas de una lectura de enero de Pedro Páramo

8 enero 2011

10.

“El día que te fuiste entendí que no te volvería a ver.

Ibas teñida de rojo por el sol de la tarde, por el crepúsculo
ensangrentado del cielo.

Sonreías.

Dejabas atrás un pueblo del que muchas veces me dijiste:
´Lo quiero por ti; pero lo odio por todo lo demás,
hasta por haber nacido en él´.

Pensé: ´No regresará jamás; no volverá nunca´.”

—¿Qué haces aquí a estas horas?
¿No estás trabajando? —No,
abuela. Rogelio quiere que le cuide al niño.
Me paso paseándolo. Cuesta
trabajo atender las dos cosas: el niño
y el telégrafo, mientras que él se vive
tomando cervezas en el billar. [Además]
no me paga nada. —No
estás ahí para ganar dinero, sino
para aprender; cuando ya sepas algo[, entonces]
podrás se exigente. Por ahora

eres sólo un aprendiz;

quizá mañana o pasado llegues a ser tú
el jefe. [Pero para eso]
se necesita paciencia [y, más que nada,]
humildad.

Si te ponen a pasear al niño, hazlo[,]
por el amor de Dios. Es necesario

que te resignes.

—Que se resignen otros, abuela[,]
yo no estoy para resignaciones. —¡Tú
y tus rarezas!

Siento que te va a ir mal,
Pedro Páramo.

–crg

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